sábado, 1 de junio de 2013

La Historia de los Huevos de Pascua

Ya hace un tiempo concursé en un concurso concursable, donde tenía que escribir la historia/cuento más creativa sobre el nacimiento de la tradición de los Huevos de Pascua. Si, Super gay.  Ahí les dejo el cuento.


Arnaldo era un arqueólogo de 44 años, soltero y algo calvo. La arqueología -obviamente- era su pasión, era su mundo. Para el la palabra "desenterrar" significaba más que encontrar cosas en el subsuelo. Arnaldo siempre fue optimista, siempre tenía en mente encontrar algo más grande que el mismísimo Tutankamón. Quería encontrar algo más arrecho, más vergatario.

Arnaldo era un tipo que leía de todo. Le llamaba la atención cualquier tipo de libro. Decía que todos los libros tienen un secreto por dentro. Y así fue como 
Arnaldo descubrió un mapa del tesoro.

Así es, un mapa que mostraba gran parte de el desierto de el Sahara, y marcada con una equis, la posición del gran tesoro. Según el mapa, el tesoro se encontraba en la tumba de la Reina Pascuapatra. 
Arnaldo se interesó en el viejo mapa; primero porque el nombre de la Reina del tesoro le parecía interesante y segundo, era un mapa del tesoro, por favor, a Arnaldo le encanta los tesoros.

Luego de un largo viaje a Egipto, 
Arnaldo llega. Se instala cerca de la gran pirámide de Guiza, por la sombra. Abrió su mapa y empezó su larga búsqueda por la tumba de la Reina Pascuapatra.

Fueron uno... Dos... Tres... CUATRO los días que caminó 
Arnaldo sin tener ningún éxito.
Cansado y sin ninguna esperanza, 
Arnaldo cae en la arena. El radiante y fulminante sol lo estaba consumiendo poco a poco. Arnaldo sabía que si no conseguía algo para comer, se las iba a ver bien peluda.

Fue en ese momento cuando vio un destello de luz a unos cuantos metros. Corrió y encontró a la madre de los clichés del desierto. Una lampara mágica. 
Arnaldo sabía que era su salvación. La froto, la froto y la froto... Pero no pasó nada. A la cuarta frotada fue cuando empezó a brillar.

-TUTUTUTUTUTUTUTUTUTUTU Háblame el mío  -Exclamó el genio-
-Ya va... ¿Tú eres el genio de esta lampara?  -Le preguntó 
Arnaldo muy intrigado-
-Claro, diablo, ¿Que esperabas tú? ¿Shenlong? pajuo.
-Ok, ok, bueno, supongo que me concederás al menos un deseo.
-Claro, menor, a ver, ¿Que es lo que es?
-Bueno, mira, necesito que me lleves a la tumba de l
a Reina Pascuapatra.
-¿QUEEEEEE? ¿Tú te volviste loco? No vale, tú lo que estás es soyao' hijo.
-Es mi deseo, cumplemelo, por favor.
-Esta bien, convive, déjame decir mis palabras mágicas y te cumplo tu verga... YAYAYAYAYAYAYAYAJUUUUUUUU -Gritó el sabio genio para cumplir el deseo-

-Listo, menor, ya llegamos al point  -Dijo el genio al llegar-
-Gracias, señor genio.
-De na' menor.

Y así nomás, el genio malandroso desapareció. Ahora 
Arnaldo estaba en la entrada de la tumba de la Reina Pascuapatra. Sabía que no iba a ser fácil. Arnaldo sabía que habría trampas mortales como en las películas de Indiana Jones o La Momia. Así que cuidadosamente abrió la primera puerta... Y... Listo, ya estaba en recamara de la tumba. Fue más fácil de lo esperado. Vio los tesoros y eran unos brillantes huevos de oro. Arnaldo estaba tremendamente feliz. Había encontrado el tesoro.
Derrepente, aparece un tipo misterioso
 en la puerta y le dice a Arnaldo.

-Aporta los huevos ahí pue'.
-¿Cómo?
-QUE ME DES LOS HUEVOS, MALDITO -Exclamaba el tipo misterioso mientras apuntaba a 
Arnaldo con una 9mm-
-Ok, ok, toma.
-Nunca me animé a entrar a esta vaina. Pensé que iban a haber un poco e' monos con hojillas y verga locas. Pero gracias a ti no tuve de qué preocuparme.
-Maldito...
-Adiós, imbécil  -Dije el tipo misterioso mientras corre hacía la salida-
Arnaldo, con un arrechera monumental, va hacía la lampara mágica y la vuelve a frotar, pero esta vez, la frotó más de 10 veces y aparece el genio.

-Verga, ¿Que fue? diablo, le vas a hacer la paja la lampara, bájale dos.
- Bájale dos un coño de su madre. ¿Ves ese mamagüevo que está por allá rodando con una Jeep?
-Ajá ¿Que pasó con ese diablo?
-Bueno, ese maldito me robó.
-Coño, ya Egipto parece Venezuela, won. Solo falta que monten un poco e ranchos por las pirámides criminales esas.
- Cállate, concédeme el deseo antes de que escape.
- Fuego, menor. Dímelo cantando.
-Convierte ese maldito en un conejo.
-¿Por qué en conejo? marico.
-No sé, estaba pensando en Bugs Bunny.
-Bueno, conejo será, won.

YAYAYAYAYAYAYAYAYAYAYAYAYAJUUUUUUUUUUUUU... Y el tipo misterioso se transformó en un conejo.

-¡¡¡MALDITA SEA!!! ¡¿QUE ES ESTO?!  -Se preguntó el tipo misterioso que ahora era conejo-
Arnaldo se acercó al Jeep junto al genio malandroso y ambos miraron al conejo.

-¡Malditos! ¿Que me hicieron? -Exclamó el conejo con gran furia-
-Lo necesario, eres una mala persona. Te daré una lección que nunca olvidarás. Genio, regalame dos deseos más.
-Coño, marico. ¿Tu crees que yo cago la magia? Achantalo ahí menor  -Explicaba el genio-
-DOS DESEOS, COÑO.
-Ok, ok, menor, ya va vale.
-Deseo que este cabrón tenga por obligación tener que entregar una canasta llena de huevos a cada niño del mundo durante todos años de este día, y segundo, usará la ropa de conejo mas homosexual del planeta.
-YAYAYAYAYAYAYAYAYAYAYAJUUUUUUUUUUUUUU

Y así fue como 
Arnaldo y el genio malandroso crearon la hermosa tradición de los huevos de Pascua.
FIN.

Obviamente perdí. Igual no me molesté, el premio eran unos cupcakes.

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